En el amor
no hay refugio.
Ni los naufragios aprendidos,
ni la tierra arrasada
te salvarán de otro desalojo.
Siempre vuelve.
Un temporal sin nombre
te arranca de lo poco que eras
y te empuja hacia atrás,
hasta dejarte otra vez al principio,
con los brazos abiertos
como si aún esperaras algo.
El vuelo del pájaro:
no captura,
no advierte,
no deja nada vivo detrás.
Podrás quedarte inmóvil
mientras la lluvia oxida lo que queda,
negarte a respirar,
o perderte en la boca de alguien
que no recordará tu nombre.
Da igual.
Nada borra.
Nada absuelve.
Nada concede olvido.
El llanto persiste
mientras las exequias no terminen.
Y aun así,
cuando la última página
te atraviese otra vez,
volverás.
Al mismo lugar.
Donde los sueños
nunca abandonan al enamorado.
