Usurero. Hombre de bien ante los altares. Sabelotodo de lo políticamente correcto. Adalid de cuanto se murmura a tus espaldas: por envidia o por impotencia.

Conviene que recuerdes algunas cosas.

Que la soledad, a veces, reconforta más que el amor en su forma más dulce.

Que los sinsabores desaparecen cuando se conoce la verdadera dimensión del placer.

Que la inocencia dejó de ser una coartada. Solo existen distintos grados de responsabilidad.

Y que la suerte jamás atiende súplicas; por eso el mundo rebosa de explicaciones vacías.

No lo olvides, homicida.

Antes de que mates al poeta —que sabe mejor que nadie lo poco que valen sus versos, pero que jamás justificaría su cobardía ni consentiría formar parte de uno de tus escuadrones—, recuerda esto: cuando llegue la hora de la ejecución, el ejecutor seré yo.