Un ocaso de luz.

Los amigos:
un sueño inviable.

O la lluvia en el jardín,
hablándole sola
a la fuente.

Pero no todas las soledades
nacen del desorden.

Algunas llegan con nombre de fiesta,
anuncian al Mesías
y te susurran:
“Eres el héroe de los solitarios”

Las conoces.
Sabes también
que su lealtad sin medida
te dejará cansado del tiempo,
vacío
en una sombra indefinida.

Sus olas
irán quitándote sitio
en la orilla.

Quédate en la serena:
la que entra
en una luz desocupada,
lejos del escarmiento
de los perros que ladran.

En ella está la clave
para evitar
otras sesiones de acupuntura.